Friedrich abrió un ojo y una oleada de dolor le recorrió el cuerpo. Abrió el otro y la sensación no mejoró. Poco a poco se incorporó como pudo y se encontró bañado de sangre, entrañas, vísceras y otros fluidos, y por lo visto ninguno suyo. Aún así tardó unos cuantos segundos en estar completamente seguro, pero después de palparse todas las extremidades comprobó que todas seguían en su sitio.
No tenía muy claro que había pasado, sus recuerdos se limitaban a antes del golpe en la cabeza. Buscó entre los restos y reconoció lo que podría ser un uniforme de Midenheim y entonces comenzó a atar cabos. Recordaba haber estado inmóvil durante horas después de haber activado la trampa para osos, esperando que algún compañero se acercase para pedirle ayuda pero sin atreverse a gritar para no alertar a la carroña que vaga por la ciudad, que bien podría ser mucho peor que la propia trampa.
Poco antes del golpe había escuchado ruidos cerca de él, unos pisos por encima, pero supuso que solo sería un perro. Poco después escuchó horrorizado como alguien contaba hasta cinco, no! hasta tres, y no le dio tiempo más que a ver como un ser bastante feo y sucio, y por lo visto con un solo ojo se abalanzaba sobre él justo antes de que saltase la trampa.
Y sin embargo seguía vivo. Nunca había estado muerto, pero no creía que a los muertos les doliese tanto la espalda. Observó los restos y entre todos los desechos pudo apreciar el descomunal cepo que durante horas había estado camuflado bajo sus pies. Hizo un par de mediciones y el cepo, evidentemente destinado a la caza de osos, medía más de dos metros de radio, por lo que al cerrarse había pasado a pocos centímetros de su cabeza, llevándose su atacante la peor parte, pero bueno… una mala noche la tiene cualquiera.
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Ya en el juego, los cazadores de brujas pueden parecer una banda de humanos más, pero están especializados en combatir a bandas de poseídos y de no muertos. Los cazadores de brujas están consagrados a su causa, por lo que odian a cualquier miniatura que pueda lanzar hechizos, además de esto, disponen de un arsenal de objetos mágicos a bajo coste para enfrentarse a estas bandas, además de las plegarias del sacerdote que son especialmente mortíferas contra ellas.
Olaff agradeció al dios Sigmar su suerte. A estos reiklandeses lo difícil era acercarse a ellos sin ser ensartado en una lluvia de virotes, pero he aquí que esta noche tenía uno adormilado justo a sus pies, y ese chaleco de cuero le sentaría muy bien, sin contar con esa ballesta que llevaba a la espalda y por la que podría sacarse unas coronas en el mercado negro.
Los campeones es conveniente equiparlos con espadas y rodelas si no confiamos en nuestra suerte y acompañarlos de Espadachines armados de la misma forma. Con el tiempo los campeones podrán optar por elegir la habilidad que tienen los espadachines y que les hace repetir para impactar cuando cargan.



