Olaff Johanson nunca había tenido tanta suerte. Había tenido suerte otras veces en la vida, pero siempre había sido una suerte relativa, como por ejemplo perder un ojo cuando podía haber perdido toda la cabeza, o solo haber perdido tres falanges de la mano derecha al dispararse por error un arcabuz.
Pero hoy era diferente, nada hacía presagiar algo inesperado. Su víctima, un mercenario reiklandés, permanecía parado a escasos cuatro metros de distancia bajo su posición en lo alto de la balconada, y por lo visto no había detectado su presencia, es más, parecía incluso que se hubiese quedado dormido, ya que aunque detectaba cierto movimiento, no cambiaba su posición.
Olaff agradeció al dios Sigmar su suerte. A estos reiklandeses lo difícil era acercarse a ellos sin ser ensartado en una lluvia de virotes, pero he aquí que esta noche tenía uno adormilado justo a sus pies, y ese chaleco de cuero le sentaría muy bien, sin contar con esa ballesta que llevaba a la espalda y por la que podría sacarse unas coronas en el mercado negro.
Lentamente, saboreando su inminente triunfo, se acercó al borde de la balconada, desenfundó su cuchillo y echó un último vistazo a su víctima, habría jurado que le había oído, pero ya era demasiado tarde. Contó hasta cinco, no! hasta tres! y se lanzó sobre él esgrimiendo su cuchillo… solo para ser partido en dos pocos segundos después por un gigantesco cepo capaz de hacer lo propio con un oso. El estúpido reiklandés debía haber activado el resorte y había permanecido inmóvil tal vez durante horas esperando alguna ayuda, y a Olaff no se le había ocurrido otra cosa que saltar sobre él.
Con medio cuerpo destrozado Olaff aún respiraba… por poco tiempo. Notaba como poco a poco la conciencia se le escapaba. Antes de morir echó un vistazo a su tronco seccionado y reflexionó sobre la cantidad de entrañas que contiene un cuerpo humano. Parecía que esta noche tampoco había tenido muy buena suerte, aunque bien mirado había sido afortunado: se había llevado consigo a un sucio reiklandés!



Está muy currado, sois unos cracks.
[...] Una noche de suerte Relato de Ulthar escrito para Mordheim [...]