El cofre del tesoro
Febrero 19, 2008 de hakw
15-02-2008 Hakw v.s. Txesko
 |
Conde Marius |
La noche prometía ser bastante aburrida, había decidido darles una noche de tregua a los Despojos para que se desquitaran antes de comenzar nuestra Cruzada Negra sobre la ciudad de Mordheim y los necrófagos estaban dispersos alimentándose en uno de los cementerios de las afueras, cuando de repente llego San Cipriano terriblemente exaltado.
Después de calmarlo un poco averigüé que había estado “purificando almas” por los callejones de Mordheim, y una de esas “pobres almas”, para tratar infructuosamente de salvarse, le dijo que había oído que una especie de zíngaros estaban rebuscando en unas ruinas cerca de aquí, los había oído como comentaban algo sobre un valioso cofre. No tenía idea de que podía contener pero teniendo en cuenta que estábamos prudentemente cerca del Barrio Rico no cabía la menor duda de que contendría algo por lo que valdría la pena rebanarle el pescuezo a cualquiera de esas sabandijas infectas, y claro esta que mejor mío que de cualquier otro.
Mandé a San Cipriano a reunir la banda, y aunque sabia que no estaban preparados no podía dejar que nos robaran nuestro tesoro. Nada más llegar vimos que unas horrendas figuras a las que poco les quedaba de humanas se arrastraban entre unas zonas de montones de escombros y maleza, sin duda todavía no habían encontrado lo que buscaban. En breve íbamos a comprobar quién era más afortunado.
Dividí a mis lacayos en tres grupos. San Cipriano insistió en ir por la derecha, y se lo permití, seguido del nigromante. Yo bordee unos montones de rocas, con mis cachorros, que parecían esconder algo más que musgo, mientras los desechos y los necrófagos se distribuyeron por las colinas del centro.
Poco a poco, y presa de nuestra confianza, no advertimos que las nubes iban despejándose para dejar a la vista unos blancos rayos de Luna que desvelaron nuestra posición. Entonces vi sus rostros deformes y cubiertos de pústulas y gusanos, como clavaron sus miradas blancuzcas en nosotros. No querían luchar, quien querría enfrentarse a mi, pero querían el tesoro lo suficiente como para correr hacia a nosotros desesperadamente. Habían abandonado sus infructuosas búsquedas y avanzaban hacia nosotros, buscaban la muerte sin ninguna duda. Uno de los lobos espectrales aparto una roca de cincuenta quilos con sus fauces y allí estaba, cubierto de mugre pero aún reluciente. Lo cogí y comencé a arrastrarlo pero pesaba demasiado incluso para mí, así que doblegue la mente de uno de los débiles necrófagos para que me ayudara a acarrearlo mientras los demás bloqueaban nuestra retirada. Mientras marchábamos vi como los lobos mutilaban a una especie de marioneta gigante y San Cipriano quedaba inconsciente por los salvajes golpes que le propinaba una mole de más de dos metros a la que poco le quedaba de humana.
Con todo, la noche fue nuestra y al contrario que San Cipriano dos de nuestros enemigos nunca más se levantarán. El pobre Efialtes está malherido según me informa su hermano, si gimotea mucho terminaré con su sufrimiento y los necrófagos no pasarán hambre, si por el contrario despierta recibirá su parte del botín con los demás.
|
Escrito en Enfrentamientos | Etiquetado Mordheim, No Muertos | 2 comentarios
Escribe un comentario
Nos temáis a los párrafos, son buena gente. Los párrafos son guays!
Ahora ya solo queda borrarlo y escribirlo otra vez xD